Educación de la Sexualidad(es) en un mundo interconectado (I)

Por Mª del Mar Padrón Morales.

La temática de la sexualidad es una de las más demandadas para formación por parte de jóvenes, madres y padres. Y es que, a pesar de la liberalización de costumbres y de los cambios sociales acontecidos en los últimos treinta años, el tipo de educación recibida en este ámbito durante décadas ha dejado mella. La sexualidad se sigue viendo como algo tabú, lo que lleva a familias y jóvenes a adoptar dos posturas: o de “tabuización” (“es un tema delicado” del que cuesta hablar, “dejémoslo estar”), o de “falso naturalismo” (“ya hay mucha información”, “todo ya se sabe”). Con estas actitudes, no nos extrañe que nuestra gente adolescente y joven recurra, con frecuencia, a fuentes poco fiables (iguales, medios sociales, pornografía…) que reproducen una y otra vez mitos y falsas creencias sexistas. Porque en nuestra sociedad actual predomina un concepto de sexualidad muy uniforme, que se basa principalmente en los instintos y los genitales, es decir, una concepción coito-céntrica que está vinculada con una visión homogénea en relación a lo que significa ser “hombre” o “mujer”, lo “normal” (heterocentrismo). Y todo lo que queda fuera de los límites de ese estereotipo queda desacreditado, fuera de la “norma”. De esta manera, por regla general, la sexualidad de los cuerpos y mentes “no normativos” y las conductas sexuales alternativas son relegados a un segundo plano, reforzando la invisibilización y la exclusión. Y nos hace vivir una realidad llena de inseguridades y con dificultades para abordar esta dimensión de forma abierta y positiva.

De hecho, con demasiada frecuencia, nos encontramos en los ámbitos educativos con actuaciones que pretenden ser “Educación Sexual” cuando, en realidad, se centran, exclusivamente, en temas relacionados con la anticoncepción y riesgos y algunos aspectos biológicos. Y es que, detrás de un enfoque educativo sobre Sexualidad se esconde, precisamente, una forma de entender la “sexualidad” y la “educación”. Centrarse sólo en estos temas, por ejemplo, va a significar seguir definiendo la Sexualidad a partir de actos y prácticas y transmitir un currículum (en nuestro caso, oculto) que perpetúa una visión de la Sexualidad coitocéntrica y heterosexual (una categoría), cuando hablar de “Sexualidad” significa hablar, fundamentalmente, de afectos y vivencias únicas para cada persona, sin rangos ni jerarquías personales. Significa hablar de todas las edades, desde la infancia a la madurez, de chicas y chicos, de hombres y mujeres, de cualquier orientación sexual -heterosexual, gay, lesbiana o bisexual-, de todas las identidades -incluidas transexuales y transgenéricas-, de discapacidades o diversidad funcional -sean físicas, psíquicas o sensoriales-, de multiculturalidad, de procedencia urbana o rural… Así, pues, la Sexualidad es diversidad y, más que hablar de una “sexualidad”, hablaremos de Sexualidades.

¡Ya nos vamos aproximando! La Sexualidad sería el modo de vivirse, verse y sentirse como persona sexuada. ¿Y eso que quiere decir? Que somos cuerpos y somos hombres y mujeres (pero, ojo, hay tantos modos de ser mujer u hombre como personas). Que todas y todos somos sexuados (tenemos Sexo). Pues bien, todo lo que nos planteamos sobre ello y sentimos al respecto es la Sexualidad. Son “las vivencias”, lo que cada cual siente. Cada persona vivirá su sexualidad de manera distinta y su sexualidad estará en continua evolución; se vivirá en todas las etapas de la vida y se expresará de múltiples formas y hacia muchas finalidades, dependiendo de los momentos vitales en que nos encontremos y de todo aquello a lo que le demos más o menos importancia: placer, comunicación, conocimiento, fantasía, recreo, juego, diversión, reproducción… Y hay muchas formas de expresar todo lo anterior, lo que somos y lo que vivimos. Existen muchas formas de actuar, comunicar, dar y recibir. La manera en que las personas, como seres sexuados, se relacionan consigo mismas y con las demás (caricias, besos, palabras, masturbación… conductas sexuales) es lo que en Sexología se conoce como erótica.

Hagamos un juego de palabras: el concepto “educación sexual” incluye “educación” y “sexual”. Educar no es transmitir un conjunto de nociones. Educar es un proceso lento y gradual, educar es enseñar a actuar, a decidir y a elegir, informar y formar. La Educación es el cultivo de la persona como tal. Entonces… La Educación Sexual, como un aspecto más de la Educación en general, debe promocionar los valores implícitos en la Sexualidad, que son aquéllos que hacen referencia al placer, al respeto, a la confianza, a la libertad, al conocimiento, a la comunicación, a la igualdad y a la diversidad.

Si preferimos el término “Sexualidades” a Sexualidad es porque tenemos que tener en cuenta la diversidad y el género, como señalábamos anteriormente. La sexualidad de una persona va más allá de su genitalidad y las conductas eróticas. Explica procesos tan importantes, para el desarrollo personal, como la identidad de género, el conocimiento del propio cuerpo y de los ajenos, la orientación sexual (homosexualidad, bisexualidad, heterosexualidad), los roles de género, las fantasías y los deseos, las relaciones amorosas, los vínculos afectivos… Aspectos que hay que tener en cuenta para abordar el desarrollo sexual de una persona y que sea satisfactoria para ella y para las personas que la acompañan. Por eso mismo, hacer “educación sexual” será cultivar todos estos procesos: el sexo, la sexualidad y la erótica.

Desde este planteamiento, el objetivo último de una Educación Sexual coeducativa es el que cada cual aprenda a conocerse, aceptarse y a vivir y expresar su sexualidad de modo que se sienta a gusto.

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