La importancia del lenguaje en la comunicación

Por Astrid Sosa Erfurt.

A veces escuchamos a una persona y nos decimos “pero qué bien habla”, o “qué claro está lo que dice”, “como lo dice, parece muy fácil”. Una de las claves de la comunicación es el lenguaje. Hoy nos vamos a centrar en él y en los próximos artículos daremos nuevas claves que nos ayudarán a comunicar con más eficacia para poder conectar mejor con nosotros mismos y con los demás.

Nuestro artículo está basado en la experiencia que a lo largo de estos años como coaches, como psicólogas, formadoras y responsables de equipos de trabajo hemos vivido. Mejorar en la comunicación implica tener la oportunidad de mejorar nuestra relación con nosotras y nosotros mismos, con nuestra familia, con nuestros clientes, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestro jefe. Mejorar la comunicación es una competencia transversal que mejora nuestra relación con el mundo.

Existen muchas pautas del lenguaje “consciente” que resultan ser limitantes para expresar pensamientos y emociones. En la práctica del coaching, una de las técnicas que utilizamos para profundizar más en el mundo de nuestros clientes es la realización de preguntas poderosas. Las preguntas poderosas tienen el objetivo de obtener información más profunda y concisa de la persona, obtener información que se encuentra en el inconsciente con el objetivo de “puentear” las limitaciones de los patrones del lenguaje consciente. En Be Your Hero somos especialistas en expandir la comunicación consciente a través del lenguaje y de la Inteligencia Emocional.

Pondremos varios ejemplos de las limitaciones de nuestro lenguaje con las que nos encontramos día a día.

  • Omisiones. Se consideran omisiones todo aquello que se nos olvida comunicar. Existen varios tipos de omisiones que afectan a nuestra comunicación y que nos impiden conectar con el otro, por ejemplo las omisiones simples se refieren a cuando olvidamos indicar el objeto o persona a la que hacemos referencia, cuando decimos una frase como “estoy enfadado” (¿con quién?, ¿con qué?), o las omisiones comparativas, cuando decimos frases como “es mejor aceptar las cosas” (¿mejor que qué?), o las omisiones de verbo inespecífico, cuando decimos “explico mal las cosas” (¿de qué manera las explicas?).
  • Generalizaciones. Las generalizaciones se utilizan cuando se generaliza una situación específica. Esto hace que perdamos mucha información sobre el hecho particular. Cuando decimos por ejemplo: “todas las mujeres son iguales” es un juicio de generalización o cuando decimos “tengo que aceptar las cosas como están”, revela autoimposiciones u obligaciones que en el fondo no queremos. Otra generalización muy habitual es cuando utilizamos cuantificadores universales usando palabras que imposibilitan a la persona que lo dice el poder encontrar al menos una excepción para que algo pueda ser posible, por ejemplo, “mi jefe nunca me felicita” o “siempre me pasa lo mismo” (¿nunca?, ¿siempre?)
  • Distorsiones. Realizamos distorsiones cuando cambiamos las distintas opciones de realidad a la hora de comunicarla. Por ejemplo, cuando decimos “mi jefe no está contento con mi trabajo”, es decir, leemos la mente de la otra persona. O cuando establecemos una relación causa-efecto arbitraria entre dos sucesos y acciones y decimos “cuando no me haces caso, me duele el estómago”.

Estamos programados/as, nuestro sistema nervioso percibe el mundo, luego lo interpretamos editando una imagen en nuestro cerebro y después transmitimos esa imagen con un lenguaje limitado.

La oportunidad está en darnos cuenta de ello para poder cambiar patrones y establecer una nueva manera de comunicarnos y conectarnos con nosotras y nosotros mismos y con los demás.

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